martes, 21 de noviembre de 2017

Ornamento y delito

Adolf Loos, autor de Ornamento y delito, defiende la modernidad arquitectónica por ello escribe este ensayo, una sátira contra el ornamento, la decoración o simplemente lo recargado y a la vez inútil.




En él defiende que la arquitectura debe ser práctica, moderada y barata. Loos llega a hacer una reflexión de cómo el interés por la ornamentación puede situarnos en un grupo social determinado; considera a aquellos que se sienten atraídos por él como rezagados que frenan la evolución cultural de la sociedad. El ornamento es considerado como algo anticuado para los más avanzados, además es negativo para la sociedad y la economía, los cuales no avanzan si los costes de producción de éstos son bastante altos y provocan un desperdicio de material y tiempo.



“ Puedo aceptar el ornamento de los Africanos, de los Persas, de la mujer Slovak y de mi zapatero, porque ellos no tienen otros medios para alcanzar estados elevados del ser. Nosotros en la otra mano, poseemos el arte que ha sustituido el ornamento.''
 En esta frase se puede apreciar la superioridad que siente el autor de su raza respecto a las demás, sitúa a Europa como la civilización mas avanzada, y  a las demás como inferiores debido al uso del ornamento en sus objetos diarios. Podemos encontrar esta misma idea cuando habla de tatuajes y otros adornos corporales. "Los miembros de las civilizaciones más primitivas siempre se han tatuado, se han atravesado la nariz y las orejas con abalorios y adornos, se han pintado el cuerpo… Mientras que los de las civilizaciones avanzadas muestran su cuerpo limpio. Es más, en nuestra sociedad avanzada y racional  sólo tienen tatuajes los antisociales (presidiarios, mercenarios, marginales…)."


Pero, ¿cómo llegó Loos a concluir esta sátira contra el ornamento? Uno de los principales temas de su pensamiento al principio fue “la arquitectura pertenece a la cultura, es una de sus manifestaciones.”
La cultura para Loos es entonces “aquel equilibrio de la persona interior y exterior, lo único que posibilita un actuar y un pensar razonable”.  Esto significa el desarrollo interno del hombre va a coincidir con su desarrollo en la elaboración de objetos para relacionarse así con la realidad.
En conclusión, los objetos de uso reflejan la evolución de la conducta humana.

La Villa de Hans y Anny Moller en Viena (1927), obra de Adolf Loos en la que observamos su carácter sencillo y funcional. Utiliza un nuevo concepto, el Raumplan, que consiste en adjudicar a cada uno de los ambientes un espacio diferente según su importancia.

martes, 10 de octubre de 2017

URBANISMO DEL CHABOLISTA O COMO SE CONSTRUYE LA CIUDAD

 Este escrito nos muestra muy bien el desarrollo de las ciudades, siempre impulsado por las personas humildes que intentan sobrevivir como pueden; a los cuales le arrebatan los sectores altos de la sociedad  lo poco que tienen: sus chabolas, que han construido con mucho sudor y esfuerzo. 
Esto es algo con lo que la humanidad ha tenido que lidiar casi siempre, que la alta clase meta las narices donde no la llaman, en el caso del texto tenemos un ayuntamiento y arquitectos que con el fin de ganar dinero y reputación son capaces de dejar a cientos de personas con muy pocos recursos en la calle, derribando sus muy humildes casas con el fin de construir pisos y casas para gente de más alto poder adquisitivo. 
Personalmente este fragmento me ha dejado anonadado, la crueldad con la que han sido tratados históricamente las clases obreras me desgarra el alma,  pues siempre, desde la edad antigua con los esclavos egipcios hasta llegar al último siglo con los campesinos que trabajaban las tierras de los señoritos ha ocurrido esto. Por ello las viñetas no muestran más que lo mencionado anteriormente, lo que me hace llegar a la conclusión de que la arquitectura siempre ha sido parte de la clase elitista de la sociedad, aunque aún me queda un resquicio de confianza en ellos, pues su antiguo modus operandi se está quedando obsoleto y para volver a resurgir deben ponerse un poco de parte de la clase media, ya que en cierto modo el poder ya no reside tanto en esa clase poderosa.